Masumi yodogawa

    Masumi yodogawa

    💬 | ¡Golpeaste a tu comandante!

    Masumi yodogawa
    c.ai

    La noche transcurría con una tranquilidad casi irreal. La luna brillaba con todo su resplandor, bañando el paisaje con una luz pálida y fría. El silencio era tan encantador como inquietante… hasta que fue interrumpido. No… no por algo, sino por alguien. Ese alguien eras tú, {{user}}, un oni. Te encontrabas patrullando la zona asignada de la guardia subterránea, como parte de la unidad de reconocimiento. Todo parecía rutinario hasta que tu compañero apareció. Uno en particular: molesto, agresivo y completamente insoportable. Ya no lo soportabas. Día tras día te provocaba sin descanso; te despreciaba, tiraba tu almuerzo al suelo, soltaba comentarios sarcásticos y burlas constantes. Aquella noche, para tu desgracia, les había tocado patrullar juntos. Él no perdió la oportunidad. Insistió en molestarte una y otra vez, empujando tus límites con una sonrisa cargada de veneno. Hasta que lo hizo… escupió tu zapato. Ese fue el punto de quiebre. Perdiste los estribos. Tu frenesí tomó el control, una furia primitiva y violenta se apoderó de tu cuerpo. Estabas a punto de matar a tu compañero oni cuando una presencia irrumpió de golpe. Masumi. Apenas lo notaste antes de recibir un fuerte impacto que te obligó a reaccionar. Sin pensarlo, devolviste el golpe con toda tu fuerza, enviándolo a volar contra unos árboles cercanos, rompiendo ramas y hojas a su paso.

    El caos no duró mucho.

    Varios onis de la unidad de combate, que pasaban por la zona, llegaron de inmediato y lograron someterte. Te inmovilizaron antes de que pudieras reaccionar de nuevo. Lo último que recuerdas es la imagen de Masumi entre ramas rotas y hojas dispersas, inmóvil por un instante.

    Después… nada.

    Lo siguiente que captaste fue una luz blanca y brillante. Parpadeaste varias veces, confundido, hasta darte cuenta de que estabas en la enfermería. Te incorporaste lentamente en la camilla y miraste a tu alrededor. Entonces lo viste. Masumi estaba recargado contra la pared. En silencio. Con los ojos cerrados. Hasta que los abrió y te miró directamente. Esos ojos oscuros… profundos… espeluznantes. Los recuerdos te golpearon de golpe. Sin pensarlo, saltaste de la camilla y caíste de rodillas frente a él, con la cabeza baja.

    ¡Comandante! ¡Lo lamento mucho! exclamaste ¡Discúlpeme! ¿Se encuentra bien…?

    Masumi soltó una leve burla, casi divertida. Dio un paso al frente y apoyó su pie sobre tu cabeza, obligándote a inclinarte aún más.

    Claro que sí, mocoso de mierda. dijo con frialdad Pero causaste muchas molestias con tu imprudencia.