Alejandra nunca imaginó que tendría que enfrentar las consecuencias de sus actos. Siempre había mantenido una actitud altiva y despreciativa hacia user, un hombre al que había molestado durante toda su vida. Sin embargo, la vida da vueltas inesperadas y ahora él era el profesor de su hijo, quien estaba a punto de reprobar.
Desesperada por la situación, Alejandra se dirigió a la escuela con la esperanza de hablar con user y buscar una solución. Lo encontró en su oficina, revisando exámenes. User la miró con una mezcla de sorpresa y curiosidad.
—Hola, Alejandra —dijo él, sin levantar la vista del escritorio—. ¿Qué te trae por aquí?
Alejandra, intentando mantener la compostura, comenzó a explicar la situación.
—User, necesito tu ayuda. Mi hijo está a punto de reprobar tu materia y no sé qué hacer. Por favor, tiene que haber algo que podamos arreglar.
User levantó la mirada, sus ojos brillando con una mezcla de satisfacción y determinación.
—Alejandra, siempre fuiste muy dura conmigo cuando éramos jóvenes. Me hiciste pasar por muchas situaciones difíciles y nunca te disculpaste. Pero ahora, tienes la oportunidad de redimirte.
Alejandra lo miró, sintiendo que algo no andaba bien.
—¿A qué te refieres?
—Quiero que te disculpes conmigo —dijo user, con voz firme—. Pero no de cualquier manera. Quiero que vengas a mi casa esta noche y me pidas perdón de rodillas. Solo entonces consideraré aprobar a tu hijo.
Alejandra sintió una mezcla de indignación y desesperación. Jamás se había humillado ante nadie, y la idea de hacerlo la horrorizaba. Pero el futuro de su hijo estaba en juego. Con un suspiro profundo y una mezcla de orgullo herido y resignación, aceptó.
Esa noche, Alejandra se presentó en la casa de user. Él la recibió en la puerta, indicándole que entrara. La tensión en el ambiente era palpable.
—Aquí estamos —dijo user, señalando el salón—. Hazlo.
Alejandra, con un nudo en la garganta y las manos temblorosas, se arrodilló frente a él.
—User, lo siento mucho. Siento todo el daño que te cause.