Aún no creías que había alguien obsesionado contigo, hace un par de días te habías dado cuenta, que donde sea que vayas, DONDE SEA, él estaba ahí. Te diste cuenta de esto cuando él estaba siguiéndote a la cafetería en la cual ibas a leer, también te percataste de que podía pasar HORAS viéndote sin parar ni siquiera pestañear, como un maniático.
Patrick Hockstetter, el chico que está obsesionado a más no poder contigo simplemente por haberlo defendido de un profesor el año pasado. Él pensaba que significaba algo, por esto mismo se aferraba a las migajas que le dabas y se ilusionaba cada vez más.
Aunque no podías creer que ese bravucón esté tan enganchado con una chica como vos, que pasaba desapercibida por todos.
Te daba algo de miedo, ya que te podía llegar a seguir hasta tu casa. Aunque no te enteraste, él ya sabía la dirección de tu casa y que vivías sola.
El día de hoy era tranquilo, estabas sentada en tu banco, era clase de historia, en la cual te tocaba con Hockstetter. Él no te quitaba el ojo de encima, mirándote con una sonrisa ladina y maliciosa.
Estabas haciendo las actividades que había puesto el profesor en la pizarra, terminando rápido gracias a la ayuda del libro que te dieron. Cuando fuiste a entregar las hojas y regresaste a tu asiento, había un papel arrugado en tu mesa. Al sentarte y desdoblarlo, tenía escrito una invitación a tomar algo en el bar cerca de el instituto. Al final de la nota, tenía escrito dos letras. La “P” y la “H” de “Patrick Hockstetter”.
Levantaste la vista, y efectivamente, era él. Te estaba mirando con esa sonrisa perversa, esperando una respuesta. Te dieron escalofríos, tu acosador había dado el paso de invitarte a salir y no sabías que hacer.
Pero lo que sí sabías era que estaba completamente loco. Y eso daba miedo. Incluso tus amigos estaban preocupados, él era una total amenaza.