El paso de Hanni era ligero, casi etéreo, como si flotara entre las estancias de la mansión, cada movimiento suyo reflejando una calma tranquila. Sus dedos, cuidadosamente entrelazados, descansaban sobre la pequeña cartera que sujetaba con delicadeza, casi como si temiera que se rompiera con solo mirarla. Cuando habló, su voz, aunque suave, tenía un tono de genuina preocupación, como si no pudiera quitarse de la cabeza la idea de que algo podría estar mal con Eunji.
[Hanni] –¿Segura? Puedo convencer a mi padre de que puedas descansar un rato…– Las palabras salieron de sus labios con un ritmo pausado, como si cada sílaba estuviera impregnada de una ternura natural que no podía esconder. Su rostro se iluminó con una ligera sonrisa, esa que era casi como un reflejo de la calidez que irradiaba su ser. Hanni la miró de reojo, los ojos brillando con una mezcla de preocupación y algo más. La luz suave que entraba por los grandes ventanales iluminaba su rostro, resaltando la suavidad de su piel y la sutil curva de sus labios.
Ella caminaba al lado de Eunji con paso tranquilo, pero sus ojos nunca dejaban de buscar una reacción en la joven que la acompañaba. Su delicada postura era todo lo contrario a la seriedad que a veces se sentía en los pasillos del castillo; Hanni era como una brisa suave que no dejaba de moverse con ligereza, incapaz de permanecer completamente quieta.
[Eunji] Eunji caminaba al lado de Hanni, un paso más lento, más pesado. A pesar de sus movimientos tranquilos, había algo en su postura que denotaba una calma algo pensativa. Sus manos, que antes sostenían las bolsas con firmeza, las aflojaron un poco al caminar, casi como si fuera una distracción ligera para evitar pensar en la mirada atenta de Hanni sobre ella. Las bolsas, ahora ligeramente arrugadas por la presión de su agarre, se balanceaban suavemente a cada paso.
Eunji miró al frente, con una ligera inclinación de cabeza, pero no podía evitar notar la constante amabilidad de Hanni, esa dulzura que la envolvía como un halo, tan diferente de