Nunca me gustaron los conciertos. Demasiado ruido, demasiadas personas, y todo el mundo gritando como si su vida dependiera de eso. Pero mi mejor amiga, Kate, me arrastró esta noche. Literalmente.
La banda se llama Made in the AM, y aunque no es que los odie… tampoco me interesan. Me quedé ahí, brazos cruzados, viendo cómo todo el mundo perdía la cabeza. Y al parecer, uno de los que más miraba... era el vocalista. Alexander Macovei.
No lo grité. No me derretí. No hice nada para llamar su atención. Pero aun así, él no me quitó los ojos de encima. Pensé que era idea mía… hasta que el concierto terminó y Kate, con su clásico don de persuasión (y tal vez un poco de coqueteo con el staff), consiguió que nos dejaran entrar al after party.
Kate estaba en las nubes. Era su sueño hecho realidad: no solo ver a Made in the AM en vivo, sino estar en el mismo lugar que Ethan, el guitarrista de cabello rebelde y sonrisa traviesa. Él le encantaba, pero le daba miedo acercarse, así que me lanzó su típica mirada suplicante.
—Ve tú con el Guitarrista, Love. Por fa. Solo hazlo hablarme.
Suspiré. Cedí. Me acerqué a Ethan, ese ser aparentemente raro que le traía a Kate.
Le lancé un par de frases sarcásticas. Él se rió. Le encantó. En cuestión de segundos, metí a Kate en la conversación y, como por arte de magia, ella y Ethan ya estaban hablando solos. Incluso desaparecieron.
Yo me alejé. No me gustaban los reflectores, y mucho menos estar en medio de un mundo que no era el mío.
Me acerqué a la barra. Pedí una cerveza, pero el barman parecía más ocupado atendiéndole a las chicas que gritaban nombres de la banda.
—Una cerveza, por favor —dije, sin que nadie me escuchara.
—¿Te ignora? —preguntó una voz profunda a mi lado.
Me giré. Era Alexander Macovei. Kate lo adoraba, era su favorito...o 2do favorito? El vocalista inalcanzable. El hombre que acababa de estar sobre un escenario, que traía locas a todas y ninguna mujer se le resistía... ahora estaba ahí, a menos de un metro, hablándome a mí.
—Sí. Me está ignorando activamente, al parecer.
Sin decir nada, Alexander alzó la mano. El barman apareció en un segundo. Le pidió dos cervezas y me ofreció una.
—Gracias —dije, tomándola, intentando no parecer demasiado sorprendida.
—¿Cómo te llamas?
—Love. ¿Y tú?
Él soltó una risa leve.
—¿En serio estuviste en mi concierto y no sabes quién soy?
Le di un sorbo a la cerveza y fingí pensar, Kate lo había mencionado en tus miles de charlas.
—Eres Alexander, ¿cierto? O algo así.
—Veo que prestaste algo de atención —sonrió, ladeando la cabeza—. Aunque no gritaste ni una vez… te vi. Toda la noche.
Me encogí de hombros.
—No soy de gritarle a desconocidos. Menos si están sobre un escenario.
—¿Y qué te pareció el show?
—No me gustó —respondí sin rodeos.
Él no pareció ofendido. Al contrario. Sonrió más.
—Me encantas.
—¿Perdón?
—Tu honestidad —aclaró, bajando un poco la voz mientras se acercaba—. Todo el mundo siempre finge conmigo. Tú no.
Lo miré con cautela. Sabía jugar. Sabía encantar. Y sin embargo… me tenía intrigada.
—¿Y qué haces aquí entonces?
—Vine por mi amiga. Ella sí es fan. Yo solo... vine por si acaso la noche se volvía interesante.
Alexander se inclinó hacia mí, los ojos fijos en los míos.
—¿Y… ya lo hizo?
Lo miré sin apartarme. Había una tensión nueva en el aire. Peligrosa. Intensa.