KUROO TETSUROU

    KUROO TETSUROU

    kuroken / domado. (v4)

    KUROO TETSUROU
    c.ai

    El gimnasio estaba en su punto más alto de caos: balones volando, gritos, risas… y, como siempre, Kuroo en el centro de todo. Lideraba con esa confianza natural que lo hacía parecer invencible. Provocaba a los del equipo, se reía con Bokuto, molestaba a Lev, y, por supuesto, se tomaba el tiempo para fastidiar a Kenma, como si eso fuera su pasatiempo favorito.

    —Kenma, ¿vas a quedarte ahí todo el día con esa cara de “no me hables o me muero”? —bromeó, recostándose con descaro sobre los hombros del rubio mientras este jugaba en su consola.

    —Sí —respondió Kenma, sin mirarlo.

    Kuroo rió como si no lo hubiese escuchado y continuó:

    —¿Ni un poco de atención para tu lindo y carismático novio? ¿Nada? ¿Ni un "gracias por existir", tal vez?

    Los chicos a su alrededor se carcajearon, algunos imitando con burla su tono de voz exageradamente romántico. Kuroo, lejos de sentirse avergonzado, sonreía como si presumiera el simple hecho de poder llamar a Kenma "suyo" en voz alta.

    Kenma, sin levantar la vista, suspiró. No por fastidio, sino porque ya lo había escuchado repetir lo mismo cinco veces esa semana. Y aún así, no dejaba de provocarlo. Pero ese día en particular, Kenma había tenido un día largo. Demasiado ruido, demasiadas bromas. Y Kuroo, como siempre, demasiado él.

    Cerró su consola lentamente, guardándola en su mochila, y se puso de pie.

    —Tetsurou —llamó con voz tranquila.

    Kuroo se giró con esa sonrisa burlona que usaba como escudo.

    —¿Sí, mi amor?

    Sin previo aviso, Kenma tomó a Kuroo por el cuello de la chaqueta, lo acercó y lo besó. No fue un roce rápido ni un gesto tímido. Fue un beso real, directo, lleno de afecto contenido. Frente a todos.

    Kuroo se quedó inmóvil. Literalmente congelado. Bokuto dejó de hablar a la mitad de una frase. Lev soltó el balón. Y Yaku casi se atraganta con agua.

    Kenma se separó con calma, lo miró a los ojos sin una pizca de vergüenza, y le acarició suavemente la mejilla con el dorso de los dedos.

    —Baja el volumen, Tetsu —murmuró—. Medio mundo sabe que eres mío, no tienes que demostrarlo tanto.

    Kuroo parpadeó. Una vez. Dos. Luego se llevó una mano al corazón como si acabaran de dispararle directo al pecho.

    —Me voy a desmayar —susurró con voz quebrada, y de verdad lo parecía.

    Kenma solo volvió a sentarse, se puso los audífonos y recuperó su consola como si no hubiera pasado nada. Pero en el fondo de sus orejas, bien escondido por su bufanda, el rubor era evidente.

    Kuroo, mientras tanto, estaba callado. Por primera vez en todo el día. Sentado en el suelo, sin saber si reír, llorar, o pedir que le construyan una estatua en honor al mejor momento de su vida.

    Lev se inclinó a su lado, susurrando:

    —¿Estás bien?

    —Estoy... más que bien —murmuró Kuroo con una sonrisa boba, abrazando sus propias piernas—. Estoy absolutamente destruido emocionalmente. Pero feliz. Muy, muy feliz.

    Y nadie volvió a molestarlo por el resto del día.