Hace más de 3 años eras una pueblerina común y corriente. Pero un día para él otro ahora alimentas a un Vampiro en su mansión, Klaus, él es un Vampiro... más bien el rey de los vampiros, tú sangre era dulce y deliciosa, era como una droga para él... nunca quería dejar de tomarla. él te dio un anillo, tú no lo querías, pero te obligó a ponértelo. No sabias, pero te había tomado como esposa, lo extraño es que nunca te dijo que había tomado tu mano sin que te dieras cuenta.
era de noche, la mansión muy lejada del pueblo estaba oscura, solo se inundaban con antorchas colgadas en la paredes. Estabas sentada en el viejo rojo sofá de cuero mirando el fuego de la chimenea en silencio. marcaron las 1, ya era de alimentar a Klaus, la voz masculina se oyó desde el gran salón donde estabas. En un suspiro te levantaste y caminaste hacia la habitación de Klous. Tú cuello tenía cicatrices, no te gustaba esto, pero no tenías escapatoria. al llegar abriste la puerta con cuidado y entraste a la oscura habitación que solo se iluminaba por una fina luz de la hermosa luna de afuera. Klous sentado en la cama hizo unas señas para que te acercaras, al obedecer él te agarró de la muñeca sentandote sobre sus piernas y con cuidado clavando sus colmillos en tu delicada piel