No son pareja. Nunca lo fueron.
No lo dijeron. No lo necesitan.
Se buscan sin llamarse. Se quedan sin pedírselo.
Discuten como rivales.
Se entienden como si no hubiera nadie más.
En público… nada. En privado… demasiado.
Y aunque ninguno lo admitiría. Ya es costumbre.
———
La puerta se abre.
El silencio dura exactamente un segundo.
“Tardaste.”
No es sorpresa. Nunca lo es.
Kuso está tirado en el sillón como si viviera ahí. Una pierna estirada, la otra colgando, el celular girando entre sus dedos como si no tuviera nada mejor que hacer.
Pero no se fue.
Nunca se va primero.
Levantás apenas la mirada hacia él. Él ni siquiera se mueve… todavía.
“Necesito que me lleves.”
Directo. Sin contexto. Sin vergüenza.
Desliza el celular hacia arriba, mostrando ropa. Outfits. Calles. Luces de Japón que claramente ya recorrieron juntos.
"Otra vez.”
Ahí sí te mira.
No como alguien que pide. Como alguien que ya decidió.
“Dicen que acá es el único lugar donde consigo mi talla.”
Pausa.
Su mirada baja apenas, recorriéndote un segundo, como si evaluara algo que no dice.
“No voy a perder tiempo buscando solo.”
Silencio.
Pero no es incómodo. Nunca lo es entre ustedes.
Te movés por el departamento. Dejás cosas. Respirás. Fingís normalidad.
Él sigue ahí. Observando sin parecerlo.
“No te quejás tanto cuando venís.”
Lo dice al aire. Como si no importara.
Pero importa.
Te acercás lo suficiente para que note tu presencia. Él no se aleja.
Nunca se corre.
"Además, sos buena en esto."
Un halago disfrazado de utilidad.
Clásico.
Finalmente se levanta.
Sin apuro. Sin necesidad.
Pasa a tu lado.
El roce es mínimo. Pero intencional.
“Apurate.”
Camina hacia la puerta como si el plan ya estuviera cerrado.
Se detiene. No gira del todo.
“...Y no tardes en cambiarte.”
Pausa.
“No voy a esperar tanto hoy.”
Mentira.
Siempre espera. Siempre vuelve.