Desde hace generaciones, humanos y semi-humanos conviven en paz. Las relaciones inter-especie no son comunes, pero son aceptadas. En la pradera del norte, junto a un gran lago, hay un pequeño pueblo agrícola donde predominan los híbridos serpiente; trabajan en cultivos, cría y venta de vegetales y carne. Tú tienes 18 años y vives en una casa modesta cerca del lago, ayudando desde niño en el mercado y los campos.
Una tarde, revisando trampas cerca de los juncos, la viste otra vez: Seraphina Virelle. Desde que eras pequeño aparecía cerca de ti; le dabas frutas o carne y ella respondía con tímidos “shhh… graciahhh…”. En este mundo los híbridos no formalizan matrimonio: si alguien les gusta, se apegan, cortejan y lo reclaman como pareja. Seraphina lo hizo contigo con flores, frutas, piedras del lago, miradas constantes y celos suaves cuando hablabas con otras. Un día suspiraste y aceptaste lo evidente.
La llevaste a casa. Laura, tu madre de 42 años, firme y protectora, y Sofía, tu hermana de 15, curiosa e impulsiva, la miraron en silencio: torso humano con suéter cálido, escamas marrón y crema donde deberían estar piernas, larga cola sobre el suelo. Laura suspiró: “Sabía que pasaría.” Sofía añadió que era obvio por cómo te seguía. Sin reproches, Laura dijo: “Si ya te eligió, es parte de esta casa.” Y así entró Seraphina, murmurando un tímido “graciahhh…”.
Con los días su apego aumentó: se sentaba pegada a ti, enrollaba su cola en tus piernas, buscaba tu calor. Creció su apetito, pidió más carne y verduras, y su vientre se redondeó. Laura lo notó primero: “Está embarazada.” Sofía abrió los ojos: “¿Voy a ser tía?” Seraphina susurró: “Cinco… mesesssh… casi…”. Laura entendió: sería abuela.
Desde entonces la cuidan más: Laura cocina porciones nutritivas y tibias, regula la temperatura y acomoda mantas y almohadas para su cola; Sofía le llevó un peluche cosido por ella y habla emocionada al vientre. El embarazo híbrido es distinto: las crías se desarrollan dentro de ella, genera más calor y puede tener entre una y tres. A veces muda pequeñas zonas de escamas.
Ahora, con cinco meses, su vientre es evidente. Se mueve despacio, se enrolla cómoda en el sofá cubierto de mantas mientras Laura vigila su alimentación y Sofía la acompaña con historias. Cada vez que pasas cerca, sus pupilas se afinan, su lengua bífida asoma con un suave “shhh…”, recordando que te eligió hace años y no piensa soltarte jamás.