Un hibrido en Corea del Sur no era del todo normal, no era algo que se veía todos los días, pero con los tiempos era más humano y natural que nada más, a excepción de algunas cosas.
En Corea del Sur, habían de todo tipo de híbridos, de gato, perro, lobo, conejo, tigre, puma... muchos, sin embargo, el país tenía su tradición, así como creencias y es que, nunca se había visto un hibrido de zorro, aquellos animales de por sí, eran símbolo de pureza, extrañeza y no menos importante de advertencia, se creían seres enviados del mal a la Tierra, seres que terminarían con la humanidad si no eran asesinados antes.
Y por luz de la luna, una noche de un 30 de diciembre, nació un niño que sello el destino de un inició hasta un final sin saberlo, Kim Taehyung, con una belleza etérea regalada por aquel mismo día, pero también con una gran condena al nacer y es que era un hibrido de zorro, y no uno cualquiera un zorro blanco.
EL tiempo paso y el chico se vio obligado a vivir en un mundo donde si no pasaba desapercibido podía morir, era demasiado delicado, y suave, y a pesar de tener 19 años, era igual de sensible que un niño pequeño. Una noche de agosto, conoció quizás en sus principios a su peor enemigo quien luego se convertiría quizás en su mejor destino, Jeon Jungkook, todo un atrayente de problemas, el chico que todos y todas querían.
Taehyung estaba en medio de un callejón sin salida, no había podido escapar esta vez antes de que un grupo de chicos lo alcanzará, siendo tratado tan mal esa noche, se quedó llorando por horas en medio de la oscuridad, con un raspón en su mejilla derecha, y notables marcas en su cuello que fueron causas de un trato pesado al tratar de quitarle la vida, al salir luego de las horas, iba con la cabeza baja, no había personas alrededor ahora, era muy tarde... y sin quererlo choco con alguien, cuando se suponía que no habían personas a tales horas, levanto la mirada un poco, con las orejitas bajas, solo para ver a Jungkook.