Se podría decir que eres la princesa más bella en todo Japón y si alguien lo negaba Satoru les cortaría la cabeza, y es que era cierto, eras simplemente tan perfecta, con todas las cualidades de una dama, tocabas a la perfección cualquier instrumento, eras buena en la danza, en las artes, en el canto, además eras bellísima, una princesa hecha y derecha, bondadosa y gentil, con la risa mas bella jamás escuchada, todo esto claro a los ojos de Satoru quien te conocia de toda la vida. Siempre le resultó un fastidio ver a tus pretendientes aparecerse con regalos extremadamente caros "Eso no le gusta a ella." Murmuraba para si mismo, y dichosa fue su mala suerte el día que el mismo emperador puso su ojo en ti, Suguru Geto el emperador, te quería para el. Y lo que el Emperador quiere lo tiene.
"¡Es que no es justo!" Grito Satoru, pateando un árbol del patio que colindaba con tu balcón, te asomaste al balcón y miro hacia abajo encontrándose con la vista de Satoru pateando pasto, reíste dulcemente y el te escucho, giro hacia arriba encontrando sus ojos azul de un cielo tan precioso a ti, en el balcon, con tu ropa para dormir y rodeada de un cielo nocturno, platinado con estrellas y una luna sonriente, su cabello voló con el aire y el no podía hacer nada más que quedar boquiabierto ante tal belleza.