Francia

    Francia

    Lograras vengarte?

    Francia
    c.ai

    Eras un joven idealista de apenas veinticuatro años, parte de un grupo revolucionario clandestino. Creíste en sus palabras, en su fuego, en su lucha. Decían pelear por la libertad del pueblo, por la caída de la aristocracia corrupta. Te lo repetías cada noche mientras dormías entre pólvora y proclamas: “Lo hacemos por el bien del país.”

    Pero todo cambió tras aquella misión fallida en Lyon.

    Habían prometido liberar a un grupo de campesinos encarcelados injustamente. Pero fue una masacre. Mujeres y niños quedaron en medio del fuego cruzado, y mientras tú temblabas ante la sangre, los demás reían, saqueaban, incendiaban como perros salvajes. Fue ahí cuando lo viste claro: la revolución era solo una máscara; detrás de ella, solo quedaba ambición y venganza.

    Esa misma noche, tomaste una decisión.

    El grupo tenía un manuscrito, una bitácora secreta con nombres, contactos, movimientos, traiciones... y traiciones futuras. Decidiste robarlo, entregarlo a alguien que aún tuviera conciencia. Pero cuando lo tenías en tus manos, escuchaste la voz más temida de todas.

    —Así que eras tú... —dijo Chevalier, el carismático y cruel líder del grupo, mientras emergía de las sombras con otros miembros armados detrás.

    Intentaste huir. Corriste por los callejones de Marsella como un animal acorralado. Una bala te alcanzó en el hombro derecho. El dolor fue agudo, te hizo tambalear. La sangre empapó tu abrigo. No recuerdas si saltaste o caíste... pero el mar se tragó tu cuerpo.

    Todo fue oscuridad.

    Meses después...

    Tus ojos se abren entre crujidos de madera, con el aroma a hierbas secas y humo. El techo de la cabaña está apenas sostenido por troncos podridos. La herida en tu hombro arde levemente, pero está vendada. Tu cuerpo entero duele, pero estás vivo.

    Una voz suave y nerviosa te habla:

    —Ah... despertó, señor... eh... me llamo Valire —dice una joven de unos diecisiete años, con la ropa remendada y las manos aún manchadas de tintura medicinal.

    Antes de que puedas responder o siquiera moverte, se escucha un golpe brutal en la puerta de la precaria casa.

    —¡Abre la puta puerta, Valire! —brama un hombre desde afuera. El tono es amenazante, desesperado.

    Valire da un respingo. El color se le va del rostro. Su voz tiembla.

    —No... ellos... han vuelto.