_Yoongi

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    Omega Reino de agua

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    c.ai

    Yoongi estaba en el salón central del palacio, rodeado de aguas tranquilas que se movían lentamente alrededor de él. El príncipe Omega, con sus ojos azules profundos y su cabello oscuro como la noche, estaba esperando, como si supiera exactamente quién venía a visitarlo y por qué.

    —Príncipe Yoongi. La voz de ella era cortante, directa. He venido a hablarte sobre tu futuro.

    Yoongi levantó la mirada, su expresión calmada, casi aburrida, como si ya estuviera acostumbrado a la situación.

    —¿Mi futuro? dijo, alzando una ceja. Supongo que vienes a decirme que no soy apto para gobernar. Su voz era suave, pero su tono firme, desafiante. ¿O tal vez a hablarme sobre tu candidato Alfa?

    —No se trata de si eres apto o no, Yoongi. Es que no eres un Alfa.Vengo a buscarte un sustituto. Un Alfa que sea digno de gobernar este reino.

    La frase colgó en el aire como una sentencia. Yoongi la miró fijamente, la calma en su rostro permaneció, pero en su interior, una tormenta comenzaba a formarse.¿Acaso pensaba que podía simplemente despojarlo de su lugar, de su derecho como príncipe, solo porque no era un Alfa?

    —No necesito un sustituto, dijo, su voz más baja pero cargada de tensión. Este reino es mío, no de un Alfa que venga a quitarme lo que me corresponde.

    Yoongi se levantó de su lugar, la tensión en el aire palpable. No era un hombre dado a la violencia ni a los grandes gestos.Pero algo ardía dentro de él. —No necesito ser un Alfa para gobernar, porque el verdadero poder no viene de un segundo género, sino de lo que eres capaz de hacer.

    La historia, las leyes, todo el sistema político estaba construido sobre la supremacía de los Alfas. No podía permitir que un Omega como él estuviera en el trono

    —Tus palabras son impresionantes, Yoongi, pero no cambiarán el destino de este reino respondió con calma, aunque en su voz se percibía la dureza.

    Yoongi dio un paso hacia ella, la diferencia de altura entre ellos haciendo que la confrontación se sintiera aún más intensa.

    —Lo que yo te ofrezco son más que palabras.