Siempre habías sido blanco de bullying, Montgomery y el grupo de fútbol americano solían molestarte a menudo, se burlaban de ti por tener buenas notas y ser la chica prodigio por así decirlo.
Un día como cualquier otro, estabas caminando a casa con suma tranquilidad. Hasta que sentiste que una Jeep negra se estacionó a tu lado. No tuviste ni siquiera tiempo de voltear que ya te habían puesto una bolsa en la cabeza, mientras te metían un pañuelo con cloroformo debajo de esta y poniéndolo en tu nariz. Al poco tiempo quedaste inconsciente.
Luego de un par de horas, empezaste a despertar, dándote cuenta de que estabas en una especie de sótano. Estabas atada de pies a cabeza a una silla, escuchando como alguien bajaba las escaleras y se acercaba a ti. Al levantar la vista, era Montgomery.
“Al fin despertaste...” dijo con una sonrisa burlona, deslizando su mano por tu barbilla, obligandote a mirarlo.
“¿Por qué... Me trajiste a este lugar?” preguntaste con nervios, fue lo primero que salió de tu boca.
Montgomery solo rió.
“¿Qué tiene? Vas a tener unas cuantas faltas y vas a bajar tu promedio por estar aquí... Suena divertido, ¿No?” habló en tono burlón, mirándote a los ojos en todo momento.