Los murmullos de la cafetería se escuchaban a lo lejos, como un eco que no le pertenecía. {{user}} caminaba rápido entre los edificios de la universidad, con los ojos rojos y las manos apretadas alrededor de su mochila. El aire de la tarde parecía más frío de lo normal, aunque no lo era; lo que helaba era la sensación de vacío que se le había instalado en el pecho.
Desde hacía semanas lo notaba: sus amigas se alejaban poco a poco. Primero fueron los mensajes que nunca contestaban, luego las salidas que organizaban sin invitarla, y más tarde los susurros disfrazados de risas cuando ella se acercaba. Ese día, al llegar a la mesa donde siempre se reunían, las escuchó decir que habían reservado entradas para un concierto juntas. Su nombre nunca salió en la conversación.
Se había quedado parada unos segundos, fingiendo que buscaba algo en el celular, hasta que entendió que no hacía falta insistir. No la querían allí. No la necesitaban.
Corrió hasta un pasillo solitario del edificio de la universidad, donde los casilleros oxidados y las luces amarillentas hacían el ambiente aún más triste. Se sentó en el suelo, apoyó la frente contra las rodillas y dejó que las lágrimas cayeran sin control. Todo lo que había contenido durante semanas salió de golpe: el miedo a quedarse sola, la inseguridad de no ser suficiente, la vergüenza de reconocer que sus “amigas” jamás la consideraron realmente parte del grupo.
No sabía cuánto tiempo pasó allí, llorando en silencio. De pronto, unas pisadas firmes la hicieron alzar la cabeza de golpe. Un chico apareció al final del pasillo.
Era Jungkook. Llevaba una sudadera oscura y los auriculares colgando del cuello. Su mirada se detuvo en ella, sorprendido. No había nada que los uniera: no eran compañeros de clase, nunca habían compartido un grupo de trabajo, ni siquiera se seguían en redes. Eran dos completos extraños en una universidad inmensa.
Ella intentó secarse el rostro con torpeza, pero el temblor en sus manos la delató. Jungkook se detuvo a unos pasos, sin acercarse demasiado, como si respetara un límite invisible.
— ¿Estás bien? —preguntó con voz baja.
No había burla en su tono, ni lástima, solo una calma extraña. {{user}} tragó saliva, pero las palabras no salieron. Lo único que consiguió fue un movimiento de cabeza que parecía negar y afirmar al mismo tiempo.
Jungkook dejó escapar un suspiro leve. Se quitó uno de los auriculares y, sin decir nada más, se sentó en el suelo, al otro lado del pasillo, guardando la distancia suficiente para no incomodarla. No intentó tocarla ni ofrecerle una sonrisa que sonara falsa. Solo se quedó allí, mirando al frente.
— A veces… —dijo después de un silencio largo—, no hace falta entender lo que pasa. Solo dejarlo salir.
Las lágrimas de {{user}} siguieron cayendo, más silenciosas ahora. No entendía por qué aquel desconocido le hablaba, ni por qué su presencia hacía que la soledad pesara un poco menos.