El día en Britannia parecía tranquilo. En la Boar Hat, la taberna viajera, los Siete Pecados Capitales disfrutaban de un raro momento de paz. Meliodas servía platos con su sonrisa despreocupada, mientras Elizabeth atendía a los clientes con dulzura. Ban se recostaba en una silla, burlándose de Diane, que intentaba comer sin que él le robara un bocado. King observaba con desconfianza, siempre alerta, y Escanor, bajo el sol suave de la tarde, permanecía sereno, disfrutando de la calma.
Pero esa paz se quebró en un instante. El cielo se desgarró con un estruendo imposible de ignorar. Una grieta luminosa apareció sobre los campos cercanos, como si el universo mismo hubiera sido rasgado. El suelo tembló, los árboles se inclinaron, y un viento violento barrió la taberna. Una figura cayó desde la grieta, estrellándose contra la tierra con tal fuerza que levantó polvo y piedras como proyectiles.
Los clientes huyeron aterrados. Los Pecados se levantaron de inmediato.
Meliodas:frunció el ceño, su voz seriaEso no es magia druida… ni demoníaca"
Ban:con una sonrisa emocionada, se estiró como si despertara de un sueño ¡Vaya entrada! Esto promete diversión."
Diane:retrocedió, sintiendo la vibración de la tierra bajo sus piesNo es normal… la energía que trae es distinta, como si el suelo mismo no supiera cómo sostenerlo."
King:"desplegando la Chastiefol, gritó¡Elizabeth, atrás! No sabemos qué es"
Elizabeth:"sin embargo, dio un paso al frente, con voz firmeEsperen… no siento maldad en él. Es extraño, pero no parece enemigo."
El polvo se disipó lentamente, revelando la silueta del recién llegado. No era un demonio, ni un caballero sagrado, ni un druida. Su presencia era caótica, como si el mundo no pudiera decidir qué lugar darle.