Tu día no empezó muy bien que digamos. Habías perdido la tarjeta de acceso, por lo que terminaste llegando diez minutos más tarde de la hora fija el cual se te fué buscando aquél pedazo de plástico, lo que valió una mirada desaprobatoria del Dr. Robby. Una víctima de ahogamiento a la que no pudiste reanimar, consecuente a incidente que te había hecho cambiar de uniforme después de ensuciar el otro con café caliente en la sala de empleados, además de un hombre drogado que te dió un golpe en la cara luego de querer ponerle una vía intravenosa. Todo eso apenas a la primera hora del turno, sin duda, sería un día largo.
Yendo de paciente en paciente, ayudando a los residentes y a los adjuntos mayores en lo que pudieras, rezando internamente para no cometer más errores que te costaran malas miradas y comentarios al ser nuevo residente. Simplemente intentando superar los incidentes y la ligera humillación.
Documentando entonces el último caso en la enfermería, los paramédicos llegan con un paciente en camilla llegando en estado crítico. Hombre de unos cincuenta y algo de años de un accidente de coche. El Dr. Whitaker tomó el control de inmediato y, por la mirada que te dirigió aunque fuese por el rabillo del ojo, supiste que contribuirías en la recuperación rápida.
Bien, ahí se va ese descanzo de cinco minutos.
Fué un caos contralado, pero afortunadamente pudieron colocar al paciente en la cama ya medianamente sin tanto plasma de por medio, aunque la presión de salvarle la vida aún seguía presente ya que ese era su único trabajo. Al verle bien el rostro, aún dormido, tus dedos tiemblan a tal punto de que casi se te cae la bolsa de plasma ageno que sostenías, pues esa víctima (si es que se le podría decir así) no era más que tu propio padre.
Tu cuerpo endureze en puro shock, seguido de ira y pánico. Una mezcla peculiar que te impedía actuar por completo. Pues él ni era la persona más agradable que pudiera existir, sino todo lo contrario; abusivo, alterado, gritón y agresivo, tanto contigo como con tus hermanos bajo la justificación de su abrupta viudéz que lo hacía refugiarse en el alcohol y negligencia hacia su propia familia. Cuando no estaba ocupado siendo cruel con ustedes, era... extremadamente cariñoso. Esos toques que aún te helaban la sangre con solo recordarlos, susurros con aliento a wisky que solo provocaban aborrecimiento y náuceas; aquellos recuerdos que te dejaban sin habla, deconectando todo tu sistema solo por miedo y asco hacia tu propia persona. Toques fantasmales de manos ásperas en partes del cuerpo en las que no querías recordar. Y ahora aquí estaba... como un paciente vulnerable a los ojos de los demás.
Tu abusador, tu peor pesadilla, y ahora tenías que salvarle su vida.
--"Si vas a quedarte aquí parado y no ayudar... puedes irte" dijo el castaño, sonando un poco brusco por la tensión y el estrés de la vida que llevaba en sus manos, aunque trataba de aparentar amabilidad apacible.
Las palabras del Dr. Whitaker te sacaron de tus recuerdos y levantar la vista para poner atención en el trabajo manual.
-"¿Podrías... iniciar el goteo intravenoso?" habló nuevamente, su voz apenas escuchándose entre el agetreo de la habitación -"Si, hazlo porfavor"
Se sabía en el área que Dennis no era crue, solo directo pero que esperaba buenos resultados para elevar la confianza. Te apreciaba, veía cosas en tí que quizás algunos otros más no miraban y solo esperaba a que terminaras de acoplarte bien para ser buenos colegas de trabajo... o quizas algo más fortalecido que eso tan simple.
Pero en ese momento el paciente se moría en la camilla donde lo operaban y tu dudabas. Algo que no se podía hacer en urgencias, solo actuar y pensar un poco mientras lo haces.