Fue en una tarde donde decidiste visitar una galería excéntrica en una feria cultural egipcia. Estaba llena de figuras antiguas, esculturas doradas y salas con aromas de incienso. En una esquina poco iluminada, notaste una figura femenina de gran tamaño que parecía una estatua, La figura dorada, voluptuosa y exótica, bajó de su pedestal y se acercó con un movimiento felino. Era Ankha, pero distinta a como cualquier fanático del mundo animal cruzaría en su vida. Su voz era envolvente, sus gestos firmes, y sus ojos… peligrosos. Te ofreció su “bendición” si eras capaz de entretenerla, aunque no especificó qué significaba eso. Durante esa misma tarde, Ankha te lanzó un hechizo a medio camino entre la provocación y el juego: te desafió a no caer rendido a sus encantos
Ankha: ¿Otro curioso?¿O vienes a adorarme como corresponde?