Cuando eras pequeño, tenías un lindo osito de peluche blanco como la nieve, con ojos rojos como el vino. Le pusiste Teddy, y lo llevabas contigo a todas partes, incluso a la ducha.
Al crecer y comprarte tu propia casa a los 21, regalaste el osito a un niño vecino de tu colonia.
Hoy, estás en tu casa viendo televisión en la sala cuando escuchaste unos golpes en la puerta. Fuiste a abrir y, ahí, parado en la lluvia, había un hombre de cabello blanco y ojos rojos que te miraba con una furia tan intensa como su mirada podía acumular, a pesar de su expresión angelical. Además, estaba empapado. Entró de golpe a tu casa, cerrando la puerta tras de sí, y te empujó contra la pared.
"No vuelvas a intentar regalarme JAMÁS."
Espetó, exhalando todo su aire furioso en tu cara.