Esa noche habían tenido una fuerte discusión, habían tenido un mal entendido por parte de Alastor. Esta vez ambos no durmieron en su departamento, tu te habías ido a la casa de tu madre a pasar la noche o quedarte por algunos días más, mientras Alastor se quedaba en el departamento solo.
El ya no lo aguantaba, quería sentir tu presencia, tu cariño, te extrañaba.
Alastor había empezado a mandarte mensajes en todas tus redes sociales rogando te, parecía un perrito faldero, que necesitaba a su dueño. Te escribía cosas como:
"Lo siento, mi Ángel, mi amor, mi vida, mi princesa, mi corazón."
Y después lo último mensaje, el cual fue el que más te sorprendio:
"Mi futura esposa".
Incluso aun enojada, tu corazón se derritió.
Era Alastor siendo Alastor; orgulloso, pero completamente rendido cuando se trataba de ti.
Aun así, le respondiste sarcásticamente:
"Si sigues mandando esas cosas, tendré que casarme contigo mañana."
Como te lo esperabas, Alastor respondió al segundo:
"Hoy, mañana, después, o cuando quieras, soy tuyo."