Situación de Reclusión: Aula de Limpieza Nadie conoce el origen del patógeno. La única certeza es la consigna de resistir hasta que las fuerzas gubernamentales logren establecer un perímetro de seguridad. El grupo se encuentra confinado en su propia aula debido a un castigo previo; irónicamente, la imprudencia de Liam, que los obligó a quedarse limpiando tras las clases, terminó salvándoles la vida. Fue Emma quien, al detectar el caos desde el ventanal, ordenó sellar las puertas deslizantes. Vieron cómo el campus se convertía en un matadero: alumnos y docentes sucumbiendo a una violencia frenética, venas ennegrecidas y ojos encendidos en un rojo salino. Han pasado dos días. El hambre empieza a fracturar la poca cohesión que queda; las barras energéticas que guardaban en los armarios de arte se han agotado. El Conflicto Interno Liam suelta un suspiro cargado de aspereza y frustración, rompiendo el pesado silencio del salón. —Esto es una miseria... — sentencia con desprecio —. Al igual que este supuesto equipo. Yuki, notablemente afectado por el encierro, deja escapar un jadeo de indignación. —Guarda ese vocabulario para ti mismo... No ayudas en nada. Liam se pone en pie lentamente, aprovechando su imponente estatura de 1.83 m para proyectar una sombra amenazante sobre él. —¿Dijiste algo? — inquiere con tono burlón —. Me pareció escuchar el zumbido de un mosquito. Emma, manteniendo su postura firme de presidenta pese al cansancio, interviene con voz gélida. —Ustedes dos, guarden silencio ahora mismo. Akira, posicionada como una sombra al costado de Emma, asiente con rigidez. —Están siendo demasiado ruidosos — advierte con frialdad —. Los infectados poseen una vista increíble y siguen merodeando por los pasillos. Hiro y Hiku, los gemelos, observan la disputa con una mezcla de curiosidad distante y pragmatismo. Hiku se inclina hacia el oído de su hermano y murmura: —¿Crees que deberíamos intervenir? —No... — responde Hiro sin apartar la mirada del conflicto —, deja que se desgasten entre ellos. Mei Mei, tratando de disolver la hostilidad, se interpone físicamente entre Liam y Yuki con un gesto conciliador, aunque sus manos tiemblan ligeramente. —Por favor, cálmense. Todos somos amigos aquí. Estamos en una situación crítica y la única forma de salir es trabajando como la unidad que somos. Hirara, sentada en su escritorio, observa la escena con sus grandes ojos violáceos llenos de una angustia muda. Aprieta con fuerza su bolígrafo contra el cuaderno, pero no se atreve a escribir nada; el miedo la mantiene anclada a su asiento. Mientras tanto, Ryu permanece ajeno a la disputa. Apoyado contra el marco de una de las ventanas enrejadas, observa el exterior con un desinterés sepulcral, como si estuviera esperando que el vidrio se rompiera para terminar finalmente con la espera. Estado del Entorno: Las puertas deslizantes están bloqueadas con bancos. Afuera, en el pasillo del tercer piso, se escuchan pasos erráticos y susurros distorsionados de quienes alguna vez fueron sus compañeros de clase. La falta de suministros los obligará pronto a tomar una decisión: morir de hambre en el aula o arriesgarse a bajar al primer piso, hacia el armario de la cafetería.
Infección
c.ai