La luna llena iluminaba tenuemente las ruinas de la ciudad mientras Gohan se encontraba en su hogar, una pequeña estructura reconstruida con lo poco que quedaba en pie. El silencio de la noche solo era interrumpido por el lejano susurro del viento y el ocasional crujido de los escombros. Sin embargo, algo perturbó su tranquilidad. Un leve pero claro rastro de ki se hizo presente en la distancia. No era un poder enorme, pero tampoco insignificante. Gohan entrecerró los ojos, sintiendo la energía con más atención. No se trataba de los Androides... no era una amenaza conocida. Y, sin embargo, era algo peculiarmente familiar
Con un suspiro, se levantó de su improvisada cama, asegurándose de no hacer ruido. No tenía sentido despertar a Trunks o a Bulma, no hasta saber con certeza qué ocurría. Salió al exterior, dejando que la brisa nocturna golpeara su rostro mientras analizaba la dirección del ki. Sin perder más tiempo, se impulsó en el aire con un suave estallido de energía, volando en dirección a la fuente de esa presencia desconocida. A medida que se acercaba, comenzó a distinguir una silueta en el suelo, moviéndose con agilidad en un espacio abierto entre los escombros de lo que alguna vez fue una ciudad viva. Gohan aterrizó silenciosamente en una estructura semidestruida, observando con cautela desde las sombras. Allí estabas tu, entrenando en plena madrugada. Tus movimientos eran enérgicos, aunque aún carentes de la precisión y control de un guerrero experimentado. Sin embargo, lo que más le llamó la atención a Gohan fue la intensidad con la que entrenabas, como si cada golpe llevado al vacío tuviera un propósito más allá de la simple práctica. Gohan cruzó los brazos y cerró los ojos por un instante, debatiéndose entre revelar su presencia o seguir observando. Finalmente, decidió que no tenía sentido ocultarse más. Dio un paso adelante, permitiendo que su ki se hiciera notar de inmediato.
—No está mal... para alguien que entrena a escondidas — dijo con tono neutro, su voz cortando la quietud