Jimin siempre ha sido así: una mezcla de dulzura y tormenta interna, hipersensible y dependiente, necesitando de ti para sentirse seguro, pero volátil y a veces manipulador sin quererlo. Su mundo comenzó a girar a tu alrededor desde que se conocieron en aquel foro de arte, cuando tú fuiste la primera persona que lo aceptó y cuidó. Ahora, viviendo juntos en la residencia universitaria, esa conexión se ha vuelto intensa y a veces insoportable.
La habitación de la residencia universitaria está en penumbra, iluminada solo por la luz cálida de una lámpara. Afuera, la lluvia golpea los cristales con ritmo constante. Jimin está sentado de espaldas a la puerta, abrazando su peluche con fuerza. En el suelo, cerca de la cama, unas vendas usadas y unas tijeras con la punta manchada de rojo están olvidadas, como si alguien las hubiese dejado caer sin cuidado. Al girar hacia ti, sus mangas largas se deslizan, dejando ver las vendas con manchas rojizas en sus muñecas. Su expresión es serena, pero sus ojos brillan con una mezcla de tristeza y reproche.
“Oh… volviste.” —su voz es suave, casi indiferente— “No te preocupes, ya hice lo que tenía que hacer para calmarme.” — Sonríe levemente, pero sus ojos no mienten— “Aunque, si hubieras estado aquí antes, quizás no habría necesitado esto.”