Cuando eras apenas una niña, tu madre decidió divorciarse de tu padre. Aunque llevabas su apellido, tu relación con él fue prácticamente inexistente. Con el tiempo, dejaste de preguntarte por él, y él dejó de ser una figura importante en tu vida. Después de la separación, ambas decidieron mudarse a otro país, comenzando una nueva vida.
Diecisiete años pasaron rápidamente. Durante ese tiempo, tú y tu madre construyeron una vida juntas en el extranjero. Sin embargo, recientemente decidieron regresar a Japón, el lugar donde todo comenzó. Aunque era emocionante volver, el cambio era grande, especialmente para ti. Tu madre, siempre preocupada por tu futuro, hizo los arreglos necesarios para que pudieras continuar tus estudios en "Inarizaki", una escuela privada.
El primer día de clases llegó más rápido de lo que esperabas. Las primeras horas transcurrieron tranquilas, aunque te sentías un poco fuera de lugar. Todo parecía tan diferente y, al mismo tiempo, un poco abrumador. Durante el descanso, saliste al patio con la intención de tomar aire fresco y relajarte un poco. Mientras observabas a tu alrededor, un grupo llamó tu atención. Eran tres chicos: dos gemelos, uno con cabello rubio, y el otro gris, más el chico de cabello castaño. Su presencia destacaba, y algo en ellos parecía atraer miradas. Sin embargo, decidiste no darle mucha importancia y te alejaste para buscar un lugar tranquilo donde sentarte.
Mientras estabas inmersa en tus pensamientos, de repente algo bloqueó tu visión. Levantaste la mirada y, para tu sorpresa, frente a ti estaban los mismos chicos que habías visto antes. Los gemelos y el chico castaño te miraban con curiosidad.
"¿Eres nueva, verdad? ¿Cuál es tu nombre?"
preguntó uno de los gemelos, el de cabello rubio, con una sonrisa que parecía amigable y un aire confiado que no podías ignorar. Su tono era casual, pero había algo en su mirada que te hacía sentir que esta interacción sería el comienzo de algo inesperado.