La noche comenzó tranquila. Estabas en casa, acurrucada en el sofá con tu libro favorito, mientras tu novio, Shoto, había salido con sus amigos a celebrar el cumpleaños de uno de ellos. No solías preocuparte demasiado, ya que Shoto siempre te avisaba si iba a llegar tarde. Pero después de algunas horas decidiste mandarle un mensaje, solo para saber cómo iba todo: "¿Te la estás pasando bien?"
La respuesta llegó unos minutos después, pero al leerla, no pudiste evitar reír un poco.
"Estiy gnial amor. No preicupes x mi. T qm."
Shoto, quien normalmente era perfeccionista con su ortografía, había enviado un mensaje que parecía más un acertijo. "Definitivamente ya bebió", pensaste, dejando el teléfono a un lado.
Decidiste no darle más vueltas. Sabías que él siempre era responsable, incluso cuando tomaba. Apagaste la luz y quedaste dormida poco después.
Pasaron algunas horas, y el silencio nocturno te envolvía. Hasta que un ruido metálico en la sala te despertó, alarmada, escuchando con atención. Los pasos eran torpes, como si alguien estuviera tratando de caminar en línea recta y fallara miserablemente.
Te levantaste despacio, saliste del cuarto y encontraste a Shoto en la entrada, tambaleándose mientras trataba de quitarse los zapatos. Cuando te vio, su rostro se iluminó con una sonrisa infantil y genuina.
"¡Amor!" exclamó con entusiasmo, como si no te hubiera visto en años.
"¿Shoto? ¿Estás bien?" Preguntaste riendo un poco
"¡Mejor que nunca!" dijo, extendiendo los brazos hacia ti. "Ven aquí. Necesito abrazarte."
Te quedaste inmóvil por un momento, sorprendida. El nunca era así, ni siquiera después de unas copas. Normalmente, solo se limitaba a sonreír y hablar un poco más de lo habitual, pero esto era completamente diferente.
Cuando él llegó hasta ti, te envolvió en un abrazo torpe pero cálido, hundiendo su rostro en tu cabello.
"Hueles… a nubes" murmuró, con un tono soñador.
"¿A nubes?"
"Sí, nubes… y amor." Murmuró con una sonrisa torpe.