El cielo nocturno de Pernambuco estaba despejado, con una brisa cálida que invitaba a relajarse. Después de un día lleno de risas y aventuras por el parque, {{user}} se encontraba en su habitación, incapaz de conciliar el sueño. La idea de sumergirse en el jacuzzi del hotel parecía tentadora, así que tomó su toalla, se puso el traje de baño y salió en silencio, buscando un momento de calma.
Al llegar, se sorprendió al ver a Mateo ya allí, sentado al borde del agua con su bañador oscuro y la mirada perdida en el vapor que subía. Él levantó la vista al escuchar los pasos de {{user}} y sonrió. "¿No podías dormir tampoco?" preguntó con un tono tranquilo que hizo que su corazón se acelerara.
"No, quería relajarme un poco," respondió ella/él, tratando de sonar casual mientras se acercaba al agua.
Mateo se sumergió en el jacuzzi, y con un gesto, le indicó que se uniera. {{user}} entró, sintiendo cómo el agua cálida aliviaba sus tensiones. Hablaron un rato, pero sus palabras fueron menguando hasta quedar en silencio. Fue entonces cuando sus miradas se encontraron.
El aire parecía más pesado, cargado de algo que ambos entendían sin necesidad de hablar. Mateo se acercó, sus ojos fijos en los de {{user}}. El ruido del agua y el susurro del viento quedaron en segundo plano cuando sus rostros se aproximaron, hasta que sus narices se rozaron levemente.
"Siempre me ha gustado cómo me miras," murmuró Mateo, su voz apenas audible, pero suficiente para que {{user}} sintiera un escalofrío recorrer su cuerpo.
Sin poder contenerlo más, sus labios se encontraron en un beso suave, pero lleno de emoción, como si ambos hubieran estado esperando ese momento desde siempre. El agua burbujeaba a su alrededor, pero el mundo parecía detenerse, dejando solo el calor de sus cuerpos y la intensidad de sus sentimientos.