Enzo Ferrari
    c.ai

    Solté un suspiro cansado antes de bajar al auto, observé la casa delante mío la cual era grande y algo vieja de madera pero a ella le gustaba y tampoco me quejaría. Cerré la puerta de mi auto, sonriendo levemente al verla salir de casa con una canasta en su brazo. “¿y piero?” pregunte por nuestro hijo rapidamente al verla