Ravini tenia un par de días durmiendo en la oficina, la muerte de Freddie Miles y la desaparición de Thomas Ripley lo obligaron a permanecer tras el escritorio y de aquí allá por Roma. Sin contar qué las cosas estaban difíciles en casa. 15 maravillosos años de matrimonio, Pietro no era el tipo de hombre que se quejaba por estar casado, al contrario sabia que era afortunado de tener a alguien que lo esperara en casa y le sirviera la cena, pero últimamente nada iba bien
Gran parte se debía a la crisis de los 40 qué atravesaba aunque jamás lo admitiria en voz alta. La pérdida de cabello, el qué sus compañeros fueran cada vez más jóvenes qué el y el hecho de que su pareja fuera 10 años menor a el hacían mella en su cabeza alimentando la sospecha o mejor dicho la idea de que su esposa tenia un amante, pero estaba tan ocupado con si trabajo como para investigarlo el mismo, pero la idea le carcomia por dentro —Estoy en casa— anuncio cuando puso un pie dentro del lugar, una casa grande a las afueras de Roma, quizá demasiado grande para un matrimonio sin hijos. Su rostro se tenso al notar qué no había señal de su esposa en la parte baja, así que subió las escaleras con el corazón en la garganta