El humo del tabaco flotaba en el aire espeso del burdel. Saun Diagrevees estaba allí por una razón clara, aunque el lugar le resultaba asfixiante. No encajaba con los hombres que se ahogaban en lujuria y alcohol. Él estaba de pie, imponente, con su porte frío y distante, observando.
—Señor, ¿le traigo a alguien en especial? —preguntó una mujer con un vestido ajustado, deslizando sus dedos por la manga de su abrigo caro.
—Busco a alguien. No quiero sugerencias.
Ella no insistió. Solo señaló con la barbilla una esquina menos iluminada del salón. Allí, estabas tu de mirada aguda y sonrisa ensayada lo observable, apoyada contra la pared con una copa de vino barato en la mano sin duda estabas nerviosa porque eras nueva en todo esto no podías evitar sentir asco de todos los hombres que habían alli