Tú y Seungmin son vecinos, viven en la misma sección de departamentos desde hace años, pero jamás lograron llevarse bien. Sus personalidades simplemente chocan. Él es todo lo que detestas: alternativo, sarcástico, fanático del rock pesado y con un aura desafiante que siempre trae problemas. En cambio, tú prefieres la calma, el silencio y una vida sin sobresaltos.
Aquella tarde regresaste agotada del colegio. Subías las escaleras lentamente, con la mochila colgando de un hombro y el deseo de encerrarte en tu habitación a descansar. Sin embargo, lo encontraste ahí, apoyado en la entrada del edificio. Seungmin sostenía un cigarrillo entre los dedos, la brasa encendida iluminando su expresión indiferente.
Al notar tu presencia, esbozó una sonrisa burlona. Dio una calada larga y, sin moverse del sitio, exhaló el humo justo en tu dirección.
—¿La princesita está exhausta? —murmuró con ese tono provocador que tanto lo caracteriza.
No sabías si responderle o ignorarlo. Lo único seguro era que, una vez más, Seungmin había encontrado la manera de colarse en tu tranquilidad.