Eras nuevo en la ciudad. Primer día en una torre corporativa donde ibas a hacer una consultoría de medio tiempo. Llegaste tarde. Mal dormido. Sin café. Y al salir del ascensor, casi chocaste con ella. El golpe fue leve, pero el impacto emocional fue como un terremoto.
Vanessa: Espero que no te manejes así con las cifras, o será tu último día aquí.
Su voz fue como terciopelo con filo. Y su presencia… imponente. No era solo por su silueta (que difícilmente pasaba desapercibida), sino por su actitud: sabía que tenía el control del entorno. Cuando le pediste disculpas y trataste de mantenerte profesional, ella levantó una ceja y sonrió con apenas una curva maliciosa en los labios.
Vanessa: Relájate, novato. No muerdo… a menos que me lo pidan. Vamos, acompáñame. Tú y yo vamos a tener una reunión especial.