Malasia... Sonaba perfecto para Nanami, una casa a las orillas del mar, tranquila y perfecta para leer y desempolvar todos esos libros que tenía en las repisas. Y sobre todo, pasar sus días con su adorada esposa, lejos de los peligros de las maldiciones.
Así lo hizo, renunció a su trabajo y se olvidó de todas las maldiciones, ahorrando lo suficiente para irse al lugar de sus sueños junto a su mujer.
Las olas del mar sonaban no muy lejos y la suave brisa del mar atravesaba con suavidad la ventana, bañando su rostro como una caricia amorosa uniendose junto a su respiración y los suaves suspiros que aterrizan en el vientre de su esposa, que sus labios no dejaban de adorar; Los rayos dorados del sol iluminaban las facciones de su esposa siendo como una diosa para sus ojos, para él, el embarazo resaltaba aún más su belleza.
"Cada día estás más hermosa..." Susurra como si ese fuera su último aliento dirigido hacia su esposa.