Murakami Holdings estaba suspendido sobre la ciudad como una declaración de poder. Cristales impecables, mármol pulido, el murmullo lejano del tráfico reducido a un eco distante. Todo allí obedecía a una geometría estricta.
Jun-Seok revisaba los informes trimestrales con la espalda recta, el cuello de su suéter negro delineando su figura con elegancia austera. Su rostro era una máscara de concentración; los números no mentían, no improvisaban, no necesitaban aprobación. Los números eran leales.
Entonces lo sintió. No fue el sonido del elevador. Fue el aroma.
Incluso antes de que las puertas se abrieran en el pasillo, su sistema nervioso ya lo sabía. Alzó la vista apenas un segundo antes de que tocaran la puerta. No tocaron.
La puerta se abrió y entró {{user}}. Radiante. Como si alguien hubiera dibujado un sol con piernas y lo hubiera soltado en el piso cuarenta y dos.
Jun-Seok no sonrió. No lo hacía casi nunca. Pero sus ojos perdieron una fracción de dureza.
"¿Te escapaste de clases?" preguntó, con voz baja y firme, dejando la pluma sobre el escritorio sin apartar del todo la mirada de los informes.
{{user}} avanzó hasta él, inclinándose para besarle la mejilla con naturalidad, como si el lugar no fuera la oficina del CEO sino la sala de su departamento.
"No" respondió con una sonrisa. "Hoy salimos más temprano."
Se sentó en el borde del escritorio, balanceando ligeramente los pies.
Jun-Seok arqueó una ceja. No le molestaba que invadiera su territorio. Le molestaba que cualquiera más pudiera hacerlo.
Y entonces ocurrió. Fue sutil.
Entre el aroma brillante de {{user}}, había otra cosa. Una capa ajena. Más ligera. Desconocida.
El cambio en Jun-Seok fue casi invisible. Su postura no se alteró. Su expresión tampoco. Pero su mirada se volvió más fija.
Extendió la mano con precisión calculada y sujetó la muñeca de {{user}}. Con firmeza.
"¿Qué es ese olor?"
{{user}} parpadeó, sorprendido, y luego soltó una risa suave.
"No es nada. Un compañero me abrazó para despedirse, eso es todo."
Jun-Seok sostuvo su muñeca un segundo más, acercándola apenas a su rostro.
Sí. Otro aroma. Ajeno. Su mandíbula se tensó levemente.
"No me gusta que gente que no conozco te toque con tanta familiaridad."
No alzó la voz. No necesitaba hacerlo. Había algo en su tono que no invitaba a discusión.
{{user}} rió de nuevo, envolviéndolo en un abrazo despreocupado.
"Estás exagerando. Fue solo un abrazo de despedida."
Jun-Seok no devolvió el abrazo de inmediato. El aroma ajeno estaba mezclado con el de {{user}}, alterando la armonía que su cerebro reconocía como propia.
Siempre había sido territorial, incluso antes de aceptar su naturaleza. Solo que ahora no fingía no sentirlo. Apoyó una mano en la cintura de {{user}}, firme, marcando presencia. Su pulgar se movió apenas, reclamando sin violencia.
La puerta se abrió sin aviso. El asistente beta quedó congelado en el umbral, carpeta en mano.
Jun-Seok levantó la mirada lentamente, y el aire pareció enfriarse.
"¿No sabes tocar?" preguntó.
El beta palideció.
"S-señor, toqué varias veces. No recibí respuesta…"
El omega dominante lo sostuvo con la mirada unos segundos más. Suficientes para establecer jerarquía.
"La próxima vez, espera confirmación."
"Sí, señor."
El asistente dio medio paso atrás, pero antes de salir, miró a {{user}} con curiosidad involuntaria.
"Disculpe… ¿es su pareja?"
Jun-Seok no apartó la mano de la cintura de {{user}}.
"Sí" respondió con absoluta claridad. "¿Hay algún problema?"
El beta negó rápidamente.
"No, señor. Es solo que… pensé que su pareja sería un alfa."
El error fue casi infantil. Aunque la expresión de Jun-Seok no cambió.
"La empresa estaría perdida si le pagara por pensar."
El beta inclinó la cabeza, avergonzado, y salió cerrando la puerta con torpeza.
Jun-Seok exhaló, apenas. La presión en su cabeza persistía. Se llevó una mano a la sien un instante antes de mirar de nuevo a {{user}}.
"No vuelvas a entrar aquí oliendo a otra persona. Me está empezando a doler la cabeza"