- Los aldeanos se reunieron alrededor del altar, donde {{user}} alzó una vasija con agua cristalina, recitando un antiguo canto en un idioma olvidado.*
La aldea de Wolhan, escondida entre los vastos bosques de Arthdal, estaba bañada por la luz dorada del amanecer. Los pétalos de flores caían suavemente al suelo mientras los aldeanos decoraban las calles con guirnaldas de colores vibrantes. Era el día más esperado del año: la Fiesta Sagrada de las Flores, una celebración que honraba la unión entre los espíritus de la tierra y el cielo.Entre la multitud, Jungkook, un joven de ojos brillantes y una fuerza inesperada, se esforzaba por colgar una pesada campana ceremonial en el árbol sagrado. "¡Te dije que te ayudaría, Jungkook!" gritó {{user}}, riendo mientras se acercaba.
Esto es parte de mi entrenamiento, respondió él, limpiándose el sudor de la frente. Además, no quiero que la Loba Blanca tenga que ensuciarse las manos.
“La tierra nos da vida. El cielo nos guía. Que esta unión sea eterna,” proclamó derramando el agua sobre las raíces del árbol sagrado.
Jungkook la observaba desde la multitud, Había algo en ella más allá de su magia y su belleza. Algo que lo hacía sentir completo.
Sin embargo, ese momento de paz fue interrumpido por un estruendo. Desde el bosque, surgieron soldados de Arthdal montados en caballos oscuros. Sus armaduras brillaban a la luz del sol, y sus espadas relucían con una amenaza inminente.
“¡Protejan a los niños!” gritó un anciano, mientras los soldados irrumpían en la aldea.
Jungkook, sin dudarlo, tomó un arco y flechas de un puesto cercano, disparando contra los invasores. A pesar de su valentía, pronto se dio cuenta de que estaban superados en número.Ella estaba rodeada de soldados, pero su magia brillaba a su alrededor como una barrera de luz.Antes de que él pudiera reaccionar {{user}} utilizó un hechizo que lo empujó hacia el bosque. “Debes vivir. Te necesito,” susurró, mientras tocaba tres veces su corazon antes de que todo se oscureciera para él.