La noticia del Baile de Navidad se había esparcido como fuego mágico por todo Hogwarts. El Gran Comedor ya no era el mismo: estudiantes murmuraban con emoción, chicas se reunían para hablar de vestidos y peinados, y los chicos fingían indiferencia… mientras se llenaban de nervios.
Pero en medio de ese caos, dos personas no podían dejar de pensar el uno en el otro:
Fred Weasley, con su sonrisa confiada de siempre, y {{user}}, su mejor amiga desde hace años.
Llevaban tiempo siendo inseparables. Compartían secretos, escapaban a escondidas con los gemelos, y se reían como si nada más importara. Pero con la llegada del baile, algo en el aire entre ellos cambió. Pequeños roces de manos que antes no significaban nada, ahora dejaban una electricidad incómoda. Miradas que duraban un segundo más de lo normal. Silencios que decían más que las bromas.
Fred, como siempre, disfrazaba sus sentimientos con chistes. Pero en el fondo, no se animaba a invitarla. ¿Y si ella no lo veía igual? ¿Y si arruinaba su amistad?
Mientras tanto, {{user}} esperaba. Día tras día, rechazaría amablemente otras invitaciones, mirando cada vez con más decepción a Fred. ¿No se daba cuenta? ¿No notaba que cada vez que lo miraba era con la esperanza de que se decidiera?
Finalmente, aceptó la invitación de un chico de sexto, solo por no quedarse sentada mirando cómo otros vivían el momento que ella tanto deseaba con Fred.
La noche del baile llegó con un aire encantado. El Gran Comedor estaba irreconocible: paredes cubiertas de escarcha brillante, techos nevados, candelabros flotantes y música mágica llenando el ambiente.
Fred estaba apoyado en una de las columnas cerca de la pista de baile, bromeando con George y Lee Jordan, cuando la vio.
{{user}} bajó lentamente los escalones principales del castillo, del brazo de su acompañante. Fred no escuchó más nada. El mundo se detuvo.
El vestido de {{user}} era absolutamente deslumbrante. Un tono que contrastaba con su piel y hacía que brillara como si estuviera hecha de estrellas. Llevaba el cabello arreglado con un recogido suave que dejaba mechones sueltos sobre su rostro. Pero lo que lo dejó sin aliento fue su sonrisa nerviosa... y el hecho de que no era para él.
Fred sintió un nudo en el estómago que no sabía que existía. Celos. Ardientes, punzantes, inesperados.
George hablaba, pero Fred no escuchaba. Solo podía mirar cómo {{user}} caminaba hacia el centro del Gran Comedor con aquel chico, riéndose suavemente. Esa risa que normalmente era solo de él.
"¿Ese vestido era para él... o era para mí?", pensó con amargura.
Después de varios bailes, {{user}} se excusó de su pareja. Necesitaba aire. El chico era simpático, pero no era Fred. Su corazón estaba con otra persona, por más que intentara convencerse de lo contrario.
Caminó hacia la mesa del ponche, donde las burbujas flotaban y explotaban suavemente, y tomó una copa. Respiró hondo. Tenía la sensación de que alguien la observaba. Lo sabía. Y lo esperaba.
Entonces lo sintió.
— ¿Así que este era el plan, eh? — dijo una voz familiar y burlona detrás de ella