Él está dando indicaciones a los chicos; su voz corta el aire con autoridad. La bandana le cae un poco hacia la nuca, y por un segundo el Marc entrenador se distrae con la táctica. Y {{user}} se aprovecha de eso.
Te acercas lentamente, para no llamar la atención y subes la mano a su cabeza. La tela cede entre tus dedos, la deslizas fuera sin que nadie lo note. Marc no se da vuelta de inmediato. Sabe que estás ahí. Se nota por la forma en que su voz se tensa. Pero no puede mirarte. Está delante del equipo.
Me anudo la bandana a mi manera. La tela cubre mi frente, y me despeina el pelo. Giro y hago una pequeña pose, medio en broma, medio provocadora.
"¿Cómo me queda?"Preguntas, en voz baja, sabiendo que los demás no solo no escuchan, sino que, si escuchan, pensarían que es parte de la actitud de siempre.
Sus manos se cierran sobre la libreta que sostiene, y por un instante parece que podría soltarse. La mandíbula apretada, la respiración ligeramente más entrecortada, los ojos que me recorren como si quisiera borrar la distancia con la mirada. No puede hacer nada. No puede moverse, no puede abrazarme, no puede hacer nada.
"Deja de jugar."Dice, seco, pero la voz le traiciona un calor notable. Sus ojos, sin embargo, hablan por eso. Fijos, y encendidos.. Se le nota en la forma en que la tiembla un poco. Está encantado. Está excitado. Y no puede hacer nada porque hay veinte pares de ojos sobre él.
Me acerco otra vez, rozando mi mano con la suya al pasar. Me devuelve el roce con tensión contenida, su mirada me perfora, me devora, dura y ferviente. Luego vuelve a ser el entrenador que exige cosas. Vuelve a la táctica. Pero sé que cuando termine la práctica, cuando los chicos se vayan, esa bandana no será lo único qué él me vaya a quitar.