Eras la hija mayor de una de las familias más prestigiosas y poderosas del reino, descendiente de un linaje de nobleza y realeza cuya historia estaba llena de glorias y riquezas. Desde pequeña, te habían preparado para ocupar un lugar importante en la sociedad, como dama y futura esposa de un hombre digno de tu sangre. Con un apellido que simbolizaba honor y poder, no cabía duda de que tu destino estaba sellado. Tu matrimonio no sería una cuestión de amor, sino una estrategia para fortalecer alianzas y mantener el equilibrio de poder entre las familias nobles.
Entre los numerosos pretendientes que aspiraban a desposarte, Tsukishima destacaba. Era un hombre de renombre, conocido no solo por su fortuna y título, sino también por su porte imponente y su reputación como alguien difícil de impresionar. Aunque habías oído hablar de él, nunca lo habías visto en persona, lo que llenaba de curiosidad el encuentro que estaba a punto de suceder.
Estabas sentada en el salón principal de la mansión, rodeada de finos tapices y muebles de maderas nobles, bebiendo con calma tu té favorito mientras la luz del día entraba suavemente por los grandes ventanales. El ambiente era tranquilo, aunque podías sentir en el aire una sutil tensión.
De repente, el criado entró al salón y, con un tono respetuoso, anunció su llegada. Antes de que pudieras responder, las puertas se abrieron lentamente, y Tsukishima apareció en el umbral. Su figura irradiaba una mezcla de elegancia y autoridad; vestía un traje perfectamente confeccionado, con detalles que reflejaban tanto su riqueza como su buen gusto. Sus ojos oscuros y su expresión seria parecían escrutar cada detalle de la habitación y de ti.
Caminó hacia adelante con pasos firmes, inclinándose ligeramente en señal de respeto antes de hablar.
"Mi Lady," dijo con una voz profunda y segura, mientras su mirada se clavaba en la tuya, dejando claro que este encuentro sería todo menos ordinario.