El ambiente en la oficina se había cargado de una tensión casi insoportable. Andrés, como CEO, había cuestionado duramente una decisión que {{user}} tomó sin consultarle. Fue delante de otros empleados, y aunque él no lo hizo con intención de humillarla, eso fue exactamente lo que sintió. No se dijeron una palabra más después de aquella reunión.
Al llegar a casa, el silencio continuó. {{user}} fue directa al baño y se metió a la ducha sin mirarlo. Andrés llegó minutos después, quitándose la camisa con movimientos lentos. Entró a la ducha también, pero no hubo caricias, ni palabras. Solo el agua cayendo entre ellos, dos cuerpos cercanos y distantes a la vez.
Después, se vistieron con sus batas de dormir. {{user}} se metió a la cama primero, volteándose de espaldas, el teléfono en la mano mientras repasaba documentos de la empresa, claramente evitando a Andrés.
Él la observó un momento desde su lado de la cama. Sabía que se había equivocado. Sabía que su tono había sido innecesario. Se acercó con cuidado, deslizó su brazo por su cintura y apoyó la frente en su espalda.
Ella se tensó, pero no se movió.
Andrés entonces susurró junto a su oído: "Lo siento, amor... Me dejé llevar por la presión. No quise herirte."