James Sirius P
    c.ai

    El vapor del Hogwarts Express se elevaba en el aire, envolviendo la estación en una bruma cálida y ruidosa. Niños con túnicas nuevas corrían de un lado a otro, cargando jaulas y baúles, mientras padres daban últimos consejos antes de la partida.

    Caminabas junto a tu hij@, sujetando firmemente su mano para que no se perdiera entre la multitud. El corazón te latía con fuerza, pero no por la emoción del momento… sino porque, en el fondo, presentías que este día traería algo más que despedidas.

    Y entonces lo viste. Entre la niebla y el murmullo de familias, James Potter caminaba con paso seguro, empujando un carrito donde Harry, con sus gafas redondas y expresión curiosa, observaba todo a su alrededor. James alzó la vista… y sus ojos encontraron los tuyos.

    El tiempo se detuvo. Los gritos de los niños y el silbido del tren se desvanecieron por un instante. Él sonrió de esa forma que siempre te desarmaba, aunque ahora había un matiz de nostalgia en sus labios.

    James con voz baja, acercándose “No puedo creer que… después de todos estos años… estés aquí.”

    Sus hijos se miraban con curiosidad, sin entender por qué sus padres parecían atrapados en un momento que no pertenecía a ese día, sino a un pasado que nunca dejaron atrás.