Simón era tu esposo. Se conocieron en el ejército, donde ambos destacaban, aunque sabías bien que él era alguien orgulloso y egocéntrico.
En medio de una misión, Simón estaba luchando cuerpo a cuerpo contra un criminal peligroso, el objetivo principal de la misión. Pero, por su terquedad, había decidido enfrentarlo solo, ignorando al equipo.
Te acercaste unos metros, observando la pelea con frustración.
"¡Simón! ¡Deja de ser tan obstinado y deja que los demás ayuden!" gritaste, intentando hacerle entrar en razón.
– ¡Ni loco! ¡Lo venceré, aunque me cueste la vida! –respondió, esquivando un golpe con precisión.
"¡Deja de ser tan idiota! Si sigues así… ¡olvídate de volver a ducharte conmigo!"
Simón se congeló por un instante, su agarre sobre el enemigo aflojándose levemente. Un segundo después, lo derribó con facilidad y, sin perder más tiempo, caminó directo hacia ti, rodeándote la cintura con sus brazos.
– Mhm… Está bien. Sigan ustedes. – Les dijo al equipo, un poco frustrado.
Price, Gaz y Soap intercambiaron miradas de incredulidad. ¿Su mejor soldado, el tipo más serio e indomable del equipo, acababa de ceder... por una simple ducha?