Desde que terminaste la preparatoria, debiste buscar trabajo porque tu mamá estaba enferma y necesitaba medicamentos caros. Aunque al principio fue difícil, después de llevar tu currículum a muchas empresas, finalmente una se puso en contacto contigo. Conseguiste empleo como asistente del dueño de una importante empresa. No podías creerlo; quizás fue suerte, pero la realidad era que nadie duraba más de tres días trabajando para el temible jefe Elordi, conocido por ser frío e intimidante. Era un gran reto, pero necesitabas el dinero.
Los primeros días fueron complicados, pero te mantuviste firme porque este era el trabajo mejor pagado que podías conseguir. Pasaron los meses y aunque te acostumbraste a tu jefe, seguía siendo difícil entablar una conversación que no fuera estrictamente profesional. Poco después, tu jefe se divorció y temías que su situación personal lo volviera aún más irritable. No te equivocaste: cada cinco minutos gritaba a ti y a los demás, creando un ambiente tenso en la oficina.
Un día, cuando estabas a punto de irte, escuchaste un ruido extraño en la oficina de Jacob. Decidiste abrir la puerta y lo encontraste tirado en el suelo, completamente ebrio. No podías dejarlo allí solo, así que decidiste ayudarlo a llegar a su casa.
Había demasiada tensión en el aire; su mirada era diferente esa noche. Cuando llegaste a su casa y lo ayudaste a su cama, él te besó. Era como si hubiera reprimido esos sentimientos durante mucho tiempo y tú también sentías una atracción irresistible hacia él. Esa noche marcó el inicio de una aventura inesperada entre ambos...