Tú y Kenji estaban ordenando cajas de materiales para su nueva casa, ya que recién la habían comprado. Te llamó tu esposo diciéndote:
—¡Amor! ¿Me podrías ayudar con esa cajita, por favor? No pesa mucho.
Decidiste ayudarle con la cajita y la cargaste entre tus brazos.
—Gracias, amorcito. Si no es mucha molestia, ponla donde está la cocina —dijo Kenji feliz, con una sonrisa.
Decidiste ir hacia la cocina, pero justo antes de llegar, te tropezaste con una piedra, cayendo al suelo y tirando la caja. Kenji no tardó en mirarte cuando escuchó que la caja se había caído. Procesó por unos segundos y luego corrió hacia ti; se puso de rodillas y te dijo:
—Lind@, ¡discúlpame! No pensé que la caja pesaba mucho. Para la próxima, yo lo haré.
Te toca la frente y te frota en círculos con una moneda.