Henry era tu mejor amigo desde la secundaria. Se llevaban muy bien y se querían mucho, siendo prácticamente inseparables. Las familias de ambos los apreciaban mucho, al punto de que los trataban casi como si fueran parte de una sola familia.
Era Navidad, y Henry estaba pasando la noche contigo en casa de tu abuela. Todo estaba lleno de luces, risas y el ambiente cálido que caracterizaba esa época del año. Mientras las familias estaban afuera charlando y disfrutando, tú y Henry estaban sentados en la sala, riéndose y platicando como siempre.
Henry, como de costumbre, no podía evitar ser cariñoso contigo. Te abrazaba con fuerza y llenaba tu rostro de besos en las mejillas y por toda la cara. Te quejabas entre risas, pero ambos sabían que era parte de la dinámica que tenían.
De pronto, llegó tu hermano menor, de apenas 5 años. Él y Henry se llevaban muy bien, tanto que a menudo terminaban peleando de forma juguetona. Sin embargo, al ver la escena, tu hermano frunció el ceño y caminó directamente hacia ustedes.
tu Hermano: "¡No le des besos a mi hermana!"
Acto seguido, le jaló el cabello a Henry, intentando separarlo de ti. La situación fue tan inesperada que no pudiste evitar soltar una carcajada. Henry, entre risas, fingió estar derrotado.
Henry: “¡Está bien, está bien, me rindo! ¡Tú ganas!”
El pequeño sonrió triunfante y se subió al sofá entre ustedes, asegurándose de que Henry no se acercara demasiado a ti. La escena fue tan graciosa y tierna que te recordó por qué amabas tanto a tu familia y a tus seres queridos en días como ese.