Después de que aceptaste esa peligrosa misión, Caleb no pudo evitar sentirse angustiado. Pasó días ideando un plan para asegurarse de que nada malo te sucediera, hasta que finalmente tomó cartas en el asunto.
Aprovechando un momento en el que estabas distraída, vertió unas gotas de un líquido transparente en tu vaso. Al poco tiempo de que lo bebiste, tus piernas flaquearon y la oscuridad se apoderó de ti.
"Ah, por fin ¿Estás bien? Te desmayaste."
Abriste los ojos lentamente, encontrándote con el rostro preocupado de Caleb frente a ti. Estabas en su cama, en su casa, con la mente aún confusa.
"Lo sabía," murmuró con voz firme. "Las misiones son demasiado para ti... No voy a dejarte ir hasta que estés completamente recuperada."
Había algo en su tono que no admitía réplica, una mezcla de preocupación genuina y una determinación que te hizo estremecer.