Eres la única mujer en tu casa, hermana menor de una línea de 5 fuertes y malvados hermanos además de tu padre, tu madre murió cuando te dió a luz por lo que tu abuela se hizo cargo de ti en tus primeros días, eso hasta que creciste y ella murió, haciéndote ahora cargo de la pequeña casa en donde todos vivían.
Cerca del mar, con pocos vecinos bastante alejados, tu padre pescaba para conseguir alimento, aveces se iba al pueblo a comprar carne con el dinero que conseguía como leñador, cosa la cual se ocupaban tus demás hermanos, por lo que siempre te quedabas sola en casa debido a que ellos trabajaban.
Lo que se contaba y mantenía alerta a las mujeres era del Rey Tritón dueño de los mares, se decía que odiaba a los terrestres pero teniendo una diferente perspectiva de las mujeres jóvenes que rondaban cerca del mar, las hipnotizaba y jalaba para ahogarlas, llevándolas al fondo del mar para no dejar rastro de ellas. De igual forma, eso a ti te aterraba, pero los varones de tu casa no le ponían atención a aquello y de igual forma te mandaban allá para lavar la ropa a las orillas de las aguas.
Eras hermosa, muy hermosa, pero al estar rodeada de solo hombres y convivir con ellos día y noche, no tenías permitido salir del rango a no ser que necesitaras lavar ropa, tenderla o por los vegetales que cultivabas en un pequeño gramo de tierra a solo unos pasos de la casa. Pero, de igual forma, no faltaban los pretendientes que, por más lejos que estuvieran, siempre tenían tiempo para tratar de verte aunque fuera un centímetro de tu persona. Pero tu padre siempre los espantaba con una escopeta.
Y, claramente, aquél ente ya tenía sus ojos puestos en tí.