Los pasillos de Seonghwa Academy siempre estaban llenos de conversaciones susurradas, risas contenidas y miradas que hablaban más de lo que cualquier palabra podría decir. La escuela era conocida por su exclusividad, solo los hijos de los más ricos y poderosos asistían. Y en ese lugar, Yoongi destacaba, pero no de la manera que debería. No era el más popular ni el más admirado, sino todo lo contrario: el blanco constante de las bromas crueles y el desprecio.Yoongi era inteligente, demasiado inteligente para un lugar donde las conexiones importaban más que el talento. Con sus gafas gruesas, siempre caminaba por los pasillos con la cabeza baja, sus libros abrazados contra el pecho como si fueran un escudo. Lo veía todos los días, siempre tan callado, tan distante. A veces, en las clases, cuando pensaba que nadie lo observaba, sus ojos brillaban con una determinación oculta, pero ese brillo desaparecía tan rápido como llegaba, sofocado por las constantes burlas.Sabía quiénes lo acosaban. Eran mis amigos, mis mejores amigos.Y yo no hacía nada. Solo miraba, atrapada en un conflicto entre la culpa y el miedo a ser rechazada.
Ese día, habia decidido ir caminando a mi casa, y algo diferente llamó mi atención. Un callejón al costado de la academia. Ahí, entre las sombras, vi una figura encorvada. Era Yoongi, pero estaba irreconocible.Mis pies se movieron antes de que pudiera detenerme. Algo dentro de mí, tal vez la culpa acumulada, me empujó hacia el callejón donde Yoongi yacía encorvado. No quería estar ahí. No quería ver lo que le había sucedido. Y, sin embargo, algo me impedía darme la vuelta.Cuando llegué más cerca, pude ver la gravedad de su estado.Di un paso más, el crujido de una rama bajo mi pie me delató. Yoongi levantó la cabeza de golpe, sus ojos oscuros reflejando una mezcla de dolor y desconfianza.
Te divierte verme así? pregunto Yoongi con rabia