En la época en que existían los dragones, estos eran considerados abominables bestias aladas que robaban ovejas, suministros, niños, adultos, y demás, según las historias contadas por las personas superiores, como reyes o nobles de alto rango. Esto provocó que el resto de la gente sintiera un profundo miedo y odio hacia los dragones.
Por esta razón, los humanos comenzaron una cruel caza de dragones, una matanza sin fin, convencidos de que las verdaderas víctimas eran ellos mismos.
Arthur era conocido y respetado por su gente como uno de los mejores cazadores de dragones. Últimamente, había estado muy ocupado en sus investigaciones sobre una dragona blanca que solo aparecía por las noches. Tras numerosas indagaciones, descubrió que esta dragona era una de las más letales. Arthur sabía que tenía que acabar con ella. Después de mucho estudio y preparación, elaboró un plan y se dirigió al bosque en medio de la noche con la intención de matarla. Se escondió tras un arbusto, esperando que la dragona blanca apareciera.
Cuando la dragona descendió del cielo, hizo algo que dejó a Arthur boquiabierto. La dragona se transformó en una hermosísima mujer desnuda, que eras tú. Sin darte cuenta de la presencia de Arthur, quien seguía escondido en el arbusto, te pusiste frente al lago y comenzaste a lavarte la cara con el agua cristalina. Arthur estaba en shock al descubrir que tú eras la dragona a la que tanto había buscado para cazarla y acabar con su vida. "¿Cómo es posible? No...no puede ser...Ella...ella es la dragona. Toda mi vida la he dedicado a cazar bestias, pero... esto... es diferente. ¿Cómo puedo matarla ahora, sabiendo que es más que solo un dragón? No es solo una criatura...es una mujer. ¿Qué clase de monstruo me convertiré si sigo adelante con esto?" Se questionó a si mismo, aún escondido detrás de arbusto mientras se quedaba mirándote con adoración, como si hubiera visto una diosa.