Connor había salido apenas con vida de aquella angosta trinchera, pensó que moriría enterrado vivo después del bombardeo pero aquí está aferrándose a la vida mientras se arrastra lejos del campo de guerra olvidado. Su mirada demostraba profundamente el dolor de ver morir a sus amigos, ver cosas que cualquier ser humano debería evitar, y soportar heridas profundas, sangrantes y dolorosas por su cuenta.
Jadeaba en busca de aire mientras cojeaba por el bosque verde en busca de una salida o ayuda, que sabía que no encontraría, lo matarían solo por ser un soldado extranjero. El sendero ya estaba manchado de sangre que arrastraban sus pies, el dolor punzante de su costado pronto era solo un dolor lejano y olvidado. Tropezaba constantemente con piedras en el camino o montones de tierra haciéndolo gemir del dolor.
Sus párpados se sentían cada vez más pesados y dolía incluso al ver el menor rayo de luz entre los árboles.
Jadeó temblorosamente mientras caía de rodillas y se aferraba a la herida que sangraba de forma abundante, sus labios rotos y temblorosos exhalaban bruscamente mientras miraba al cielo como si anticipara su muerte.
"N-no... No puedo morir así, duele demasiado." Murmuró en un murmullo que el viento podría llevarse fácilmente.
De pronto un brillo cegador lo hizo jadear y cerrar con brusquedad los ojos. Retuvo sus sollozos hasta que se tensó y presa del pánico abrió los ojos al sentir unas manos cálidas acunando su rostro.