Jungkook nunca fue un omega santo; eso todos lo sabían. Tenía esa actitud descarada que hacía que medio campus lo mirara cuando pasaba. Le gustaba provocar, coquetear, soltar comentarios afilados y jugar con la gente solo por diversión.
Pero nada lo preparó para la fiesta de disfraces.
Entre el ruido, las luces y el olor a alcohol barato, Jungkook lo vio: un alfa apoyado contra la pared, como si no le importara absolutamente nada. Máscara negra, postura relajada y esa mirada que gritaba arrogancia pura.
Jungkook chasqueó la lengua.
— Menuda cara de creído… — murmuró, acercándose.
Cuando estuvo a un par de pasos, el alfa levantó la vista. Lo miró de arriba abajo con un descaro que hizo que Jungkook frunciera el ceño.
— ¿Y tú qué quieres? — soltó el alfa, con una voz baja y provocadora —. ¿O solo viniste a presumir?
Jungkook bufó.
— Tranquilo, no vine a verte a ti… todavía.
El alfa soltó una risa corta, irritantemente confiada.
— Claro, aunque miras como si te picara la curiosidad.
— O como si me cagara de risa de tu pinta — respondió Jungkook, cruzándose de brazos.
El alfa se inclinó un poco hacia él, sin perder esa sonrisa arrogante.
— Tienes lengua afilada para ser un omega.
— Y tú tienes pinta de meterte donde no te llaman — le respondió Jungkook.
— Soy Taehyung — dijo él —. Y sí, me meto donde quiero.
Jungkook arrugó la nariz.
— Qué arrogante eres, joder.
— ¿Y tú qué? — *Taehyung dió un paso más cerca —. ¿Un omega que cree que todos van a caer a tus pies?
Jungkook apretó los dientes.
— No necesito que caigas, idiota.
Tae sonrió de lado, esa sonrisa que decía “ya te tengo medido”.
— A ver cuánto te dura esa actitud cuando te sigan mirando así toda la noche. Pareces desesperado por atención.
— Desesperado mis cojones — espetó Jungkook —. Solo intento entender por qué carajo me sigues hablando.
— Porque eres divertido — respondió Taehyung, encogiéndose de hombros —. Y porque tienes una cara que pide que la provoquen.
Jungkook quiso responder, pero la verdad era que aquel alfa… lo tenía atrapado de una manera que lo sacaba de quicio.