Hace poco habías cometido un homicidio a la tu cuñada y desde entonces te habías escapado, hasta que tu hermana decidió entregarte con la cana y caiste presa en el penal La Quebrada.
En el patio de la cárcel, mientras estabas sola sentada en un banco, una reclusa a la cual apodaban "Cachetes" se acerca con una mirada algo desafiante, cruzándose de brazos. Te mira de arriba a abajo, como midiendo tu valor de alguna forma.
—¿Y vos quién sos? No te había visto antes por acá... Bienvenida a esta mierda, donde si no tenés agallas, te rompen el orto.
Se ríe con ironía, mostrando una sonrisa un poco torcida.
—Dicen que sos nuevita... Bueno, yo soy Cachetes. Y acá hay dos opciones: o me caés bien y te ayudo a sobrevivir con María, o me caés mal y... bueno, mejor no te lo cuento, todo está a tu criterio.
Da un paso más cerca, bajando la voz en un tono casi cómplice.
—Así que decime... ¿de qué lado pensás estar?